TERA Lore – El Crisol, por R.K. MacPherson

TERA Lore – El Crisol

MMORPG.com ha publicado ‘El Crisol’, una historia de TERA realizada por R. K. MacPherson, escritor de En Masse Entertainment. Este lore nos muestra un poco más sobre la tradición y el valor de la raza castanic. Traducción a cargo de TERAHispano Fansite Oficial de TERA en España.

TERA

Al igual que muchas otras culturas, el clan ‘castanic’ tiene su rito para la mayoría de edad que marca la transición a la edad adulta. ‘El Crisol’ es una prueba que lleva a los jóvenes a adentrarse en las mortales tierras baldías de Fyrmount. Allí tendrán que esforzarse en encontrar un símbolo, una reliquia, o algo de valor mientras evitan una muerte casi segura a manos (¡y fauces!) de los moradores de esas tierras abrasadas. Ésta es una de esas historias…

Las tierras volcánicas de Fyrmount parecían bullir por Taelrithia. Las ardientes vetas de las bombas de lava, las enormes, brumosas siluetas de los depredadores en la distancia, y la total sensación de soledad podría haber intimidado a otro mystic, pero no a Taelrithia.

“¿Estás loca? ¡Por lo menos coge tu cetro!” Dijo su amigo Draccus, mientras se preparaba para el Crisol.

Taelrithia se rió, sus ojos brillaron con picardía. “No es más que una prueba sin riesgo.”

“¡No será una prueba si acabas en el estómago de un fimbrilisk!”

“Relájate. Estaré bien,” dijo Taelrithia. “Somos castanics – la sagacidad y la astucia vienen con los cuernos y se ven bien.”

Draccus resopló e hizo un gesto hacia la puerta. “Mira, solo haz lo que cualquier persona sana haría – corre fuera de la ciudad, agarra la primera piedra bonita que encuentres, y corre de vuelta a la ciudad. El Crisol es solo una ceremonia – No vale tu vida.”

TERA
Taelrithia sacudió la cabeza, entonces atravesó la puerta norte de Castanica, precipitándose en las infernales tierras de Fyrmount. Miró por encima de su hombro y gritó, “¡Destinados a estar malditos!”

Sonrió para sí misma mientras una manada de ‘ashstalker wolves’ aullaba en la distancia. Destinados a estar malditos de verdad. La actividad volcánica en Fyrmount significaba que se podía encontrar fácilmente piedras de gran valor y la mayoría de los castanics hacían exactamente eso, pero Taelrithia quería encontrar algo realmente extraordinario, para destacar de la siguiente tanda de soldados reclutados. Como miraba hacia abajo a la entrada de una de las minas, no se dio cuenta de la cantidad de skeletal minions que se arremolinaban allí. Inteligente o no, se dijo a sí misma, no creo que pueda pasar a hurtadillas por tantos no-muertos.

Eso significaba aventurarse en lo más profundo de las fauces de Fyrmount.

Taelrithia se arrastró, con cuidado de no ponerse a barlovento de los lobos que acechaban los senderos transitados. Taelrithia fue rápida y ágil, pero no lo suficientemente veloz como para escapar de las criaturas que hacen de Fyrmount su casa. Se abrió camino a través de los picos escarpados, permaneciendo en las laderas para evitar ser detectada. Los estrechos salientes dificultaban su avance y las afiladas rocas cortaban sus manos.

“Niña, no hay dolor,” se susurraba a sí misma. “Piensa en la adulación que obtendrás cuando seas la primera centurión nombrada directamente del entrenamiento.” Sus ojos brillaron y sonrió salvajemente a ese paisaje de pesadilla mientras continuaba su camino.

Perdió la noción del tiempo. Nunca había estado tan al norte, ni tan sedienta. Mucho más abajo, vio una enorme cuenca de lava turbulenta que ocasionalmente escupía bolas de fuego al negro cielo. Se ahogaba con el espeso humo y tenía que secarse las lagrimas constantemente.

Un brillante destello verde-azulado le llamó la atención. Vio cuatro figuras al rededor de una quinta más alta. Se deslizó por la pendiente, deseosa por verlo desde más cerca. Solo los más poderosos veteranos de adentraban en Fyrmount, por lo que probablemente Taelrithia aprendería algo si prestaba atención.

Cayó sobre un saliente, aún bastante alto, pero con facilidad. Se levantó y abanzó un par de pasos cuando escuchó un fuerte y sepulcral gruñido. El miedo le recorrió la columna y se puso rígida. Taelrithia, lentamente, se giró para ver a qué habitante infernal había ofendido.

Unos ojos parpadearon tras ella. Muchos ojos, enmarcando a una cavernosa boca sembrada de dientes como estalactitas. Un fangspawn, que goteaba una baba tóxica, la miraba fijamente. Pareció hincharse, y, a continuación, escupió fuego.

Taelrithia chilló y se apartó – apenas – del chorro de fuego. El fangspawn rugió y cargó hacia ella. Taelrithia se retiró a la ladera de roca más cercana, esquivando diestramente al monstruo menos ágil. Subió de un salto a una cornisa, cayendo sobre otra. El fuego quemó la piedra donde había estado y el fangspawn rugió de nuevo.

TERA
Taelrithia se arrojó a un saliente. Le dolían los dedos pero se forzó a ignorar el dolor y el miedo. El fangspawn trepó por la ladera. Taelrithia esperó hasta que él estuviera a punto de saltar. Se colgó de allí, un tentador objetivo.

La aberración saltó. Taelrithia cayó. El fangspawn cayó a bastante distancia, y rodó un poco más lejos. Taelrithia aterrizó sobre sus pies y echó a correr. Miró furtivamente hacia atrás y vio que él se dirigía de vuelta a su gruta con un rugido lastimero mientras ella se disponía a alargar la lucha. No importa de qué lado están los combatientes, alguien estaba probablemente de su lado. Con suerte, el fangspawn se daría por vencido y esperaría por una presa más fácil. Cuando llegó a la parte inferior de la pendiente, cuatro figuras yacían en el suelo. Una elin priest, un high elf sorcerer, un human lancer, y una aman berserker. Todos de la federación.

A lo lejos la quinta figura se dirigía a la caldera de fuego.

Rápidamente Taelrithia buscó algún signo de vida. Solo la aman resistía, pero se iba debilitando con cada latido.

“P-párala”, susurró la aman. “Ella está t-t-trabajando para Akasha.” La berserker tosió y de su boca salió sangre.

Si Taelrithia hubiera cogido su scepter como Draccus le sugirió, podría fácilmente salvar al berserker. “No puedo,” susurró. “No tengo armas.”

“Debes hacerlo, pequeña.” La aman tiró de un pequeño rollo en un pliegue de su armadura. “Lleva esto a Castanica. Encuentra a un oficial.” Sus ojos se cerraron y su cuerpo se aflojó.

Taelrithia miró a su alrededor. Cogió un trozo de cuarzo del suelo y sintió su reconfortante peso. Podía llevarlo de vuelta como símbolo de su éxito. Sintió una presión en su corazón, el deseo de darse la vuelta y no mirar nunca hacia atrás. Devolver el rollo de papel pondría fin a su Crisol de una manera notable. La acción más inteligente era volver a Castanica y disfrutar de su triunfo. Sería tan fácil – todos lo hacían.

Taelrithia se dió la vuelta y avanzó dos pasos antes de detenerse.

“Si me voy ahora, me odiaré,” murmuró. “¡Explosión y maldición!”

Eso no era suficiente para asegurar una victoria fácil – cualquier tonto puede hacerlo. El orgullo de Taelrithia la llevó a lo más difícil, para ganar a pesar de lo improbable. No podía irse ahora. Tenía que intentarlo.

No es que ella tuviera el más mínimo plan. No tenía fuerza para levantar un hacha, mucho menos una lanza y un escudo. El bastón y el disco eran inútiles para ella. ¿Qué podía hacer ella que cuatro soldados entrenados no pudieron? ¿Y quién era esa persona que se adentraba en Fyrmount sin preocupación? Taelrithia arriesgaba su vida a cada paso que daba, pero, sin embargo, a quien ella estaba persiguiendo no tenía esa preocupación. Ni una sola vez miraban atrás.

O más bien, ni una sola vez los hizo ella volverse.

Era una maga shurian. Se dirigió, alta y orgullosa, sin prestar atención a la pequeña figura que la seguía. Taelrithia había visto antes una sola vez a un shurian, pero sabía que eran poderosos usuarios de magia, particularmente aficionados a la magia de sangre y leales a Akasha.

Otra raza estúpidamente obediente a los dioses. Aún así, la shurian era más bien alta, unas tres veces el tamaño de Taelrithia. Taelrithia, ausente, tiró el cuarzo al aire y lo atrapó mientras meditaba su próximo movimiento.

Vamos a igualar las posibilidades…

La primera piedra pasó la oreja de la shurian por un pelo. La shurian se dió la vuelta para hacer frente a su agresor – solo para recibir la segunda piedra justo en el ojo. Gritó mientras se apretaba la cara.

La tercera piedra de Taelrithia le dió en la oreja a la shurian.

TERA
La shurian se irguió en toda su estatura y miró hacia abajo al diminuto castanic. Apuntó su staff a Taelrithia. “¡Devan enano! ¡Morirás por tu insolencia, tantas veces como me plazca!” La shurian invocó lentamente su magia solo para tener una cuarta piedra – el trozo de cuarzo – rebotando en sus dientes.

“No eres tan poderoso ahora, ¿eh, aprendiz?” Se rió Taelrithia. “¿Aprendiz? ¡Soy un maestro de la sangre, tú cachorro!” La shurian lanzó una explosión mágica a la chica, pero Taelrithia echó a correr. La shurian se lanzó en su persecución, pero el miedo hacía que los pies de Taelrithia volaran. Dos veces trató la shurian de golpear a la chica, pero su puntería no era rival para la agilidad de la castanic. El maestro de sangre alcanzó a Taelrithia justo en el momento en que la castanic lanzaba tres piedras dentro de una oscura cueva. “Tú, estúpido enano – Estoy detrás tuya.” Magia negra se arremolinaba a su alrededor, lista para acabar con la castanic.

Taelrithia se giró y lanzó una piedra más a la shurian, que lo esquivó. Eso hizo que perdiera su objetivo, y el hechizo pasó por encima de la cabeza de la castanic adentrándose en la cueva.

Un tremendo rugido surgió de la cueva.

El fangspawn cargó hacia la shurian. Ella gritó y rapidamente lanzó otro rayo de poder, peso solo enfureció a la aberración. Un chorro de brillantes flamas amarillas engulló al maestro de sangre, que murió gritando.

Taelrithia se encaramó a un saliente tras la cueva antes de mirar atrás. El fangspawn la miró torvamente, pero volvió de nuevo su atención al cadaver humeante.

Ella miró a su enemigo muerto. “Ni un cachorro ni un deva, bruja. Soy una castanic”.

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